16.9.11

John Ford, Napoleón y Ali Jinnah




Tres hombres para una sola noche (no pienses mal). Y aparte de que no me hubiera importado invertir más tiempo con cualquiera de ellos para conocerlos, lo curioso del caso es que de verdad son clavaditos a estos tres individuos. Empezaré por el que era más objetivamente guapo: mi Ali Jinnah era alto, delgado como un junco, pelo negro, piel blanca, ojos azules, no muy guapo pero sí sereno. No, sereno no, hierático, fascinante como una estatua egipcia, y con la misma falta de emoción. Muy correcto, muy educado, gracioso en el momento justo, pero frío como el basalto. En cuanto a Napoleón, qué decir del hombre que sólo pudo morir envenenado... La misma intensidad y pasión, con cierto toque de crueldad, para lograr lo que él cree que deben ser sus objetivos, además de la misma altura, fisonomía y complejo de inferioridad injustificado. Y el tercero, John Ford, el hombre que mira desde lejos, pero con calidez, con esa cachaza propia de quienes han visto demasiado en esta vida, pero aún así sienten curiosidad por lo que vendrá después, unido a una bonita voz de barítono, un cráneo casi picassiano y una foto de perfil en la que no me sorprende nada encontrar un sombrero vaquero sobre su cabeza.

John Ford, Napoleón y Ali Jinnah, la historia se repite a todos los niveles, por suerte este era uno de los más inofensivos.

12.6.11

DJ Campana

Entrecortadas, repetidas y prolongadas con saturación, las campanadas resuenan desde la torre como si un duende quisiera instruir a las abuelas en el noble arte del remix. Sin embargo, ellas ignoran olímpicamente la anomalía y entran a la capilla por la puerta trasera. Aunque es lógico: la mitad de ellas van mirándole el culo al cura nuevo.

27.5.11

Blonde runner

La bancaria precaria corre bajo el sol de mayo, apenas dos horas después de haber salido de trabajar. Fibrosa, rubia, no muy alta, sí muy guapa, ignora sin afectacion a todo aquel que la mira en esa ciudad demasiado pequeña, a esas horas propias de recados y cafés, y sigue, esquivando zanjas, abuelas con carrito y furgonetas de reparto.

15.5.11

Grrrrrrr...

Sólo hay algo peor que un hijo de puta con demasiado tiempo libre.

Un hijo de puta zafio, necio y repelente que encima (no sé de qué me extraño)
tiene complejo de superioridad y una madre peor que la de Psicosis.

Y con demasiado tiempo libre (ambos).

(¿escupirle sería delito, peligroso o simplemente una pérdida de tiempo?)

3.5.11

Stopped

La típica cena conmemorativa de tu curso. Y vas. Y ves qué poco cambia en realidad la gente (salvo algunos casos). Y haces lo que te habías prometido que no harías, lo que nunca haces ni por todo el oro del mundo en situaciones mucho más graves que esta: mientes. Miserablemente. Impecablemente. Con sorprendente fluidez. Y lo más gordo es que te creen. Y lo peor de todo es que no mientes para ocultar nada vergonzoso, sino porque sabes que no entenderían. Que lo que para ti son los momentos más hermosos que has vivido durante todo este tiempo, para ellos serían excéntricos, imposibles de entender. Porque ves que el 90% de ellos se han quedado parados en el mismo sitio, son exactamente lo que pensabas que serían. Y ello no te hace mejor a ti ni peores a ellos, tal vez sus vidas sean incluso mejores, pero al menos la tuya ha tenido tantos y tan hermosos colores que sólo con cerrar los ojos puedes volver a verlos y anhelar otros nuevos. Porque sigues necesitando más, y esa necesidad, esa ansia, es la que distingue a los vivos de los muertos.