28.4.09
23.4.09
¿Feliz?

POR EL PLACER DE LA LECTURA:
La SGAE (Sociedad General de Autores) ataca de nuevo.
Escrito y firmado por José Luis Sampedro, escritor.
POR LA LECTURA
Cuando yo era un muchacho, en la España de 1931,
vivía en Aranjuez un Maestro Nacional llamado D.
Justo G. Escudero Lezamit.
A punto de jubilarse, acudía a la escuela incluso
los sábados por la mañana aunque no tenía clases porque
allí, en un despachito que le habían cedido, atendía su
biblioteca circulante. Era suya porque la había creado él
solo, con libros donados por amigos, instituciones y padres
de alumnos. Sus 'clientes' éramos jóvenes y adultos, hombres y
mujeres a quienes sólo cobraba cincuenta céntimos al mes por
prestar a cada cual un libro a la semana. Allí descubrí
a Dickens y a Baroja, leí a Salgari y a Karl Marx.
Muchos años después hice una visita a una bibliotequita de
un pueblo madrileño. No parecía haber sido muy frecuentada,
pero se había hecho cargo recientemente una joven titulada
quien había ideado crear un rincón exclusivo para los niños con
un trozo de moqueta para sentarlos. Al principio las madres
acogieron la idea con simpatía porque les servía de guardería.
Tras recoger a sus hijos en el colegio los dejaban allí un
rato mientras terminaban de hacer sus compras, pero cuando
regresaban a por ellos, no era raro que los niños, intrigados
por el final, pidieran quedarse un ratito más hasta terminar el
cuento que estaban leyendo.
Durante la espera, las madres curioseaban, cogían
algún libro, lo hojeaban y a veces también ellas quedaban
prendadas. Tiempo después me enteré de que la experiencia había
dado sus frutos: algunas lectoras eran mujeres que nunca habían
leído antes de que una simple moqueta en manos de una joven
una joven bibliotecaria les descubriera otros mundos. Y aún más
años después descubrí otro prodigio en un gran hospital de Valencia.
La biblioteca de atención al paciente, con la que mitigan las largas
esperas y angustias tanto de familiares como de los propios enfermos,
fue creada por iniciativa y voluntarismo de una empleada. Con un
carrito del supermercado cargado de libros donados, paseándose por las
distintas plantas, con largas peregrinaciones y luchas con la
administración intentando convencer a burócratas y médicos no siempre
abiertos a otras consideraciones, de que el conocimiento y el placer
que proporciona la lectura puede contribuir a la curación, al cabo de los
años ha logrado dotar al hospital y sus usuarios de una biblioteca con un
servicio de préstamos y unas actividades que le han valido, además
del prestigio y admiración de cuantos hemos pasado por ahí, un premio del
gremio de libreros en reconocimiento a su labor en favor del libro..
Evoco ahora estos tres de entre los muchos ejemplos de tesón bibliotecario,
al enterarme de que resurge la amenaza del préstamo de pago. Se pretende
obligar a las bibliotecas a pagar 20 céntimos por cada libro prestado en
concepto de canon para resarcir -eso dicen- a los autores del desgaste del
préstamo.
Me quedo confuso y no entiendo nada. En la vida corriente el que
paga una suma es porque:
a) obtiene algo a cambio.
b) es objeto de una sanción.
Y yo me pregunto: ¿qué obtiene una biblioteca
pública, una vez pagada la adquisición del libro para
prestarlo? ¿O es que debe ser multada por cumplir con su misión,
que es precisamente ésa, la de prestar libros y fomentar la lectura?
Por otro lado, ¿qué se les desgasta a los autores en la operación?.
¿Acaso dejaron de cobrar por el libro?.
¿Se les leerá menos por ser lecturas prestadas?.¿Venderán menos o les
servirá de publicidad el préstamo como cuando una fábrica regala
muestras de sus productos? Pero, sobre
todo: ¿Se quiere fomentar la lectura? ¿Europa prefiere
autores más ricos pero menos leídos? No entiendo a esa Europa mercantil.
Personalmente prefiero que me lean y soy yo quien se siente deudor con
la labor bibliotecaria en la difusión de mi obra. Sépanlo quienes, sin
preguntarme, pretenden defender mis intereses de autor cargándose a las
bibliotecas.. He firmado en contra de esa medida en diferentes ocasiones
y me uno nuevamente a la campaña.
¡NO AL PRÉSTAMO DE PAGO EN BIBLIOTECAS!
José Luis Sampedro
La SGAE (Sociedad General de Autores) ataca de nuevo.
Escrito y firmado por José Luis Sampedro, escritor.
POR LA LECTURA
Cuando yo era un muchacho, en la España de 1931,
vivía en Aranjuez un Maestro Nacional llamado D.
Justo G. Escudero Lezamit.
A punto de jubilarse, acudía a la escuela incluso
los sábados por la mañana aunque no tenía clases porque
allí, en un despachito que le habían cedido, atendía su
biblioteca circulante. Era suya porque la había creado él
solo, con libros donados por amigos, instituciones y padres
de alumnos. Sus 'clientes' éramos jóvenes y adultos, hombres y
mujeres a quienes sólo cobraba cincuenta céntimos al mes por
prestar a cada cual un libro a la semana. Allí descubrí
a Dickens y a Baroja, leí a Salgari y a Karl Marx.
Muchos años después hice una visita a una bibliotequita de
un pueblo madrileño. No parecía haber sido muy frecuentada,
pero se había hecho cargo recientemente una joven titulada
quien había ideado crear un rincón exclusivo para los niños con
un trozo de moqueta para sentarlos. Al principio las madres
acogieron la idea con simpatía porque les servía de guardería.
Tras recoger a sus hijos en el colegio los dejaban allí un
rato mientras terminaban de hacer sus compras, pero cuando
regresaban a por ellos, no era raro que los niños, intrigados
por el final, pidieran quedarse un ratito más hasta terminar el
cuento que estaban leyendo.
Durante la espera, las madres curioseaban, cogían
algún libro, lo hojeaban y a veces también ellas quedaban
prendadas. Tiempo después me enteré de que la experiencia había
dado sus frutos: algunas lectoras eran mujeres que nunca habían
leído antes de que una simple moqueta en manos de una joven
una joven bibliotecaria les descubriera otros mundos. Y aún más
años después descubrí otro prodigio en un gran hospital de Valencia.
La biblioteca de atención al paciente, con la que mitigan las largas
esperas y angustias tanto de familiares como de los propios enfermos,
fue creada por iniciativa y voluntarismo de una empleada. Con un
carrito del supermercado cargado de libros donados, paseándose por las
distintas plantas, con largas peregrinaciones y luchas con la
administración intentando convencer a burócratas y médicos no siempre
abiertos a otras consideraciones, de que el conocimiento y el placer
que proporciona la lectura puede contribuir a la curación, al cabo de los
años ha logrado dotar al hospital y sus usuarios de una biblioteca con un
servicio de préstamos y unas actividades que le han valido, además
del prestigio y admiración de cuantos hemos pasado por ahí, un premio del
gremio de libreros en reconocimiento a su labor en favor del libro..
Evoco ahora estos tres de entre los muchos ejemplos de tesón bibliotecario,
al enterarme de que resurge la amenaza del préstamo de pago. Se pretende
obligar a las bibliotecas a pagar 20 céntimos por cada libro prestado en
concepto de canon para resarcir -eso dicen- a los autores del desgaste del
préstamo.
Me quedo confuso y no entiendo nada. En la vida corriente el que
paga una suma es porque:
a) obtiene algo a cambio.
b) es objeto de una sanción.
Y yo me pregunto: ¿qué obtiene una biblioteca
pública, una vez pagada la adquisición del libro para
prestarlo? ¿O es que debe ser multada por cumplir con su misión,
que es precisamente ésa, la de prestar libros y fomentar la lectura?
Por otro lado, ¿qué se les desgasta a los autores en la operación?.
¿Acaso dejaron de cobrar por el libro?.
¿Se les leerá menos por ser lecturas prestadas?.¿Venderán menos o les
servirá de publicidad el préstamo como cuando una fábrica regala
muestras de sus productos? Pero, sobre
todo: ¿Se quiere fomentar la lectura? ¿Europa prefiere
autores más ricos pero menos leídos? No entiendo a esa Europa mercantil.
Personalmente prefiero que me lean y soy yo quien se siente deudor con
la labor bibliotecaria en la difusión de mi obra. Sépanlo quienes, sin
preguntarme, pretenden defender mis intereses de autor cargándose a las
bibliotecas.. He firmado en contra de esa medida en diferentes ocasiones
y me uno nuevamente a la campaña.
¡NO AL PRÉSTAMO DE PAGO EN BIBLIOTECAS!
José Luis Sampedro
21.4.09
10.4.09
Madre difusa
Dícese de aquella pariente a la que llamas corriendo al oír lo de los terremotos en Italia porque sus hijos están de viaje allí y responde "Uy, si hubiera pasado algo nos hubieran avisado. Además, ahora no les puedo llamar, que están en audiencia con el Papa. Ya les enviaré un mensaje."