Érase una pareja en un café, mediana edad los dos, rubia natural ella, canoso con gafas él, vaqueros y camisa ambos, que se besaban tan apasionadamente que repelían como un campo de fuerza, a cada nueva conjunción, a los clientes de su alrededor. Primero media baldosa, luego dos, después todas las mesas se agolpaban en las esquinas del local. Lloraban sin consuelo, se tocaban levemente y se volvían a besar. Sólo cuando las paredes del café se separaron y ya invadían la avenida se dieron cuenta, pagaron y se fueron, agarraditos de la mano, baixant baixant, hacia el mar.