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26.11.07
24.2.07
15.11.06
28.4.06
Bloody snow
Awake y Rottenmeyer juegan en la azotea de un décimo piso con la nieve recién caída. Están rojas por el frío, pero también por el carrerón de ser las primeras. Hacen dibujos tontos con los pies, los archiconocidos ángeles usamericanos, Awake se tumba en el suelo para que Rottenmeyer le haga una foto como si estuviera muerta... Y cómo no, empiezan a zumbar las bolas. Al principio son poco más que puñados erráticos, pero poco a poco se van condensando en proyectiles contundentes. Hasta que se les ocurre hacer una enoooorme bola de nieve, más grande que una sandía, para tirarla por encima del muro y oírla reventar contra el suelo, paff. Empiezan a amasar, y cuando ya no pueden más cuentan uno, dos, tres y lanzan. Y nada más separarse los dedos de la mole, se miran aterradas. No han comprobado que no pasara nadie. Se abalanzan sobre el pretil. Ha habido suerte. Por esta vez.
19.4.06
Mi canción favorita
Nueve añitos. Una noche cualquiera en casa de los abuelos. Chimenea, paredes forradas de madera, sillones de orejas, mesa baja y una enorme tele antigua con más botones que el puente de mando del Enterprise. Awake, escondida detrás de la puerta, mira por el hueco de la bisagra y contiene la respiración para que no la oigan. El abuelo dice no sé qué de antes de la guerra, la abuela le hace callar porque ahora viene lo que más le gusta de la película. Se hace el silencio, y Fred empieza a cantar. Chute de ivresse en vena, corazón al galope incluido, y un calorcillo extraño en la cara. Una emoción tan fuerte que incluso hoy, al buscarlo en el YouTube, ha vuelto a repetirse. Así que definitivamente, y pese a los cientos de melodías a las que construiría un altar, creo que puedo afirmar que ESTA es mi canción favorita. Que yo sepa.
7.12.05
Momo
Aún recuerdo la noche en me lo leí, hace casi veinte años. Tenía anginas, y mi madre había puesto una bombilla azul en la lamparilla por si no podía dormir. Así que imagínate conocer a Beppo, Gigi, Casiopea... en medio de una atmósfera azulada, arrebujada entre mantas y medio grogui por la fiebre. Y qué miedo pasé con los hombres grises, no sé cuántas veces miré hacia la puerta de la habitación para asegurarme de que el humo de sus cigarros no pasara por debajo. Profético Ende, que adivinó que treinta años después el mundo se poblaría de ellos...
2.11.05
Rescate
Siguiendo con la tradición familiar, acabo de ver el Tenorio, y aparte de regodearme como una loca con la escena del sofá, mi neurona orbitante, sin duda debido al estremecimiento, ha hecho contacto con algo y por fin he encontrado la carta de la que hablé en otra ocasión. Llevaba meses buscándola para colgarla, no por morbo, ni por su dudosa calidad literaria, sino como un recordatorio de todas las veces que deberíamos haber gritado y sólo fuimos capaces de dar un paso atrás...
"Acabas de irte hace un momento, así que no hace falta que te diga que está lloviendo ahí fuera. Lo que quizá no sepas es que también llueve por dentro. Esta tarde estoy muy triste, mi cuerpo está en clase, pero mi cabeza no está aquí. No sé si te importo lo más mínimo, no sé si quieres saber más de mí. Y esa falta de certeza me hiere. En cambio sí sé que piensas que eres un juguete para mí, que quiero liarme contigo o algo así. Nunca me has comprendido, María. Nunca has comprendido que te quiero como nunca he querido a nadie. Tenerte tan lejos me ha llenado la vida de ausencias. He deseado tantas veces besarte y abrazarte, no como un cazador furtivo y clandestino, sino en libertad, que me muero por tenerte junto a mí, eres el centro de mi vida. Te quiero. No debería decirte estas cosas, lo sé. Pero ya no aguanto más."
"Acabas de irte hace un momento, así que no hace falta que te diga que está lloviendo ahí fuera. Lo que quizá no sepas es que también llueve por dentro. Esta tarde estoy muy triste, mi cuerpo está en clase, pero mi cabeza no está aquí. No sé si te importo lo más mínimo, no sé si quieres saber más de mí. Y esa falta de certeza me hiere. En cambio sí sé que piensas que eres un juguete para mí, que quiero liarme contigo o algo así. Nunca me has comprendido, María. Nunca has comprendido que te quiero como nunca he querido a nadie. Tenerte tan lejos me ha llenado la vida de ausencias. He deseado tantas veces besarte y abrazarte, no como un cazador furtivo y clandestino, sino en libertad, que me muero por tenerte junto a mí, eres el centro de mi vida. Te quiero. No debería decirte estas cosas, lo sé. Pero ya no aguanto más."
19.10.05
Dazzled
Quince años. Audiovisuales. La de inglés nos proporciona la dosis mensual de V.O.S. para que cojamos soltura (y de paso descansar un poco) Hacía frío, la sala olía a sucio y los tíos marmurdoneaban al fondo. Habíamos trabajado una reducción del libro de Stoker en clase, ya sabíamos de qué iba, y cómo acababa, pero a los dos minutos no me acordaba ni del frío. ¡Dios, aquello era una puta maravilla! Una oscuridad tan refulgente que hacía daño a los ojos, casi podía notar la densidad de la sangre en la boca, y los latidos en la punta de los dedos. Y el amor, ese amor por el que yo también hubiera "cruzado océanos de tiempo", esa unión contra el cielo y el infierno, que sin embargo parecía tan cercana, tan posible... Y de remate aquella canción, justo cuando ya no podía esperar nada más. Se me hizo fuerte dentro de ese huequito que tengo en el centro del pecho, y ya no hubo forma de sacarla de ahí.
9.10.05
Terenci
Era uno de tantos domingos, tras la tradicional lucha fraticida por leer el Miguelito en el País Semanal (ahora es por Maitena) Gané yo, y salí pitando a parapetarme en el baño antes de que me zurraran mis herman@s. Y al pasar las hojas, me encontré con su foto y un título, "Máscaras alejandrinas". Si soy sincera, no recuerdo de que iba ese primer artículo, pero sí lo muchísimo que me gustó, lo que me sorprendió que hablara de ópera, de Egipto, de cine (cosas que hasta entonces sólo oía en mi casa, para la gente de mi clase era como hablarles de marcianos) y cómo a partir de entonces cada semana, nada más leerlo, recortaba con mimo la página del suplemento, la doblaba de modo que la foto quedase visible y lo guardaba en una caja de zapatos que escondía debajo de la cama. Más adelante ataqué sus libros, me deleité con sus entrevistas y me dolió su muerte, pero nada tan embriagador como aquellas primeras borracheras de palabras...