14.12.10

Querido bancario

Debes saber que me fascinas. No sólo por la raya a la izquierda hecha a escuadra y cartabón, la camisa de Ralph Lauren sin una sola arruga o lo monocorde de tu tono. Sino, y sobre todo, por lo vacua que debe ser tu vida cuando mi inocente, candorosa cartilla de ahorros suscita tu curiosidad hasta volverte grosero. No sólo vuelves atrás sus páginas con detenimiento cuando no te hacía ninguna falta, leyendo cuidadosamente y sin ningún pudor mis movimientos, sino que cuando acabas de atenderme, vuelves a revisarla de arriba a abajo, emitiendo un suspiro al acabar, no sé si de incomprensión, desprecio o simplemente hastío. Me voy, pero me tienta volverme de repente y decirte en voz baja, inclinada sobre el mostrador, "tengo otra cuenta en Suiza, donde facturo las orgías y la venta de armas". ¿Quieres ver los extractos?". Y si no lo hago no es por falta de ganas, o de valor, sino porque seguramente te lo creerías, hasta ese punto necesitas soñar...